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Economia de Opción

La economía de opción o, también denominada, planificación fiscal constituye el primer paso en nuestro análisis.18 Dicho término fue empleado por primera vez en el año 1952, siendo Larraz el primer autor que utilizó esta expresión para diferenciarla del fraude de ley en materia tributaria y para destacar las particularidades que presentaba la misma en relación con otros conceptos que podían conducir a un mismo resultado (ahorro de impuestos), pero que presentaban importantes diferencias entre sí(vgr. simulación, abuso de derecho, etc.).

Así, se señalaba que “Importa mucho no confundir el fraus legis fisci con otra figura peculiar del Derecho tributario, la cual, en defecto de denominación ya acuñada llamaré “economía de opción”. La economía de opción tiene de común con el fraus legis la concordancia entre lo formalizado y la realidad. De ningún modo se da simulación. También coinciden en no contrariar la letra legal y en procurar un ahorro tributario. Pero, fuera de estos trazos comunes, el fraude de ley y economía de opción divergen. La economía de opción no atenta a lo querido por el espíritu de la ley, en tanto que si atenta el fraus legis. La opción se ofrece, a veces, explícitamente por la propia ley”.

Cabe recordar que la Ordenanza Tributaria Alemana establecía en su art. 10 tres requisitos que permitirían diferenciar con mayor claridad la economía de opción del fraude de ley. Así, en dicha norma se disponía que para que exista fraude de ley debían concurrir los siguientes supuestos:

(i) elección de formas jurídicas insólitas e impropias teniendo en cuenta el fin perseguido por las partes;

(ii) que el resultado económico que las partes obtengan sea sustancialmente el mismo que hubiesen obtenido si hubieran revestido su actuación conforme a las fórmulas jurídicas acordes con la naturaleza del fin perseguido; y

(iii) que como resultado de todo ello se deriven unas ventajas económicas, concretadas bien en la ausencia de tributación, bien en una menor tributación.

De acuerdo con lo anterior, la diferencia entre la economía de opción y el fraude de ley es conceptualmente clara y, por ende, de ninguna manera puede una figura ser equiparada a la otra, aun cuando el resultado de ambas pueda ser un ahorro fiscal para el contribuyente o un menor ingreso para el fisco como consecuencia del actuar del primero.

De esta manera, el ahorro fiscal en que incurre el contribuyente mediante la economía de opción no se hace desconociendo norma alguna, ni realizando maniobras de elusión, ni tampoco mediante el abuso de derecho o de formas jurídicas. Por el contrario, la economía de opción se hace precisamente aplicando correctamente la norma o valiéndose de los resquicios que el propio legislador, por desconocimiento o voluntad, ha establecido al momento de regular positivamente una determinada situación o negocio.

Autor: Guillermo A. Lalanne

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